La dictadura más oscura y el cine nacional

Si tenés la posibilidad de ver unas pelis en esta cuarentena, el 24 de marzo, en un nuevo aniversario del golpe fascista y genocida, revisamos la filmografía nacional alrededor de este hecho y te recomendamos algunas películas para ayudarnos a recordar de otra forma a ese oscuro pasaje de nuestra historia.

Saltando las “oficialistas” de Ramón Palito Ortega (entiéndase por oficialistas a las películas que sostenían el discurso oficial de la dictadura genocida) Dos Locos del Aire (1976), Nacidos para la aventura (1979) y Qué linda mi familia (1980), empezamos a pensar en el cine que cuestiona los delitos de lesa humanidad llevados a cabo en la última dictadura.

Tiempo de revancha (1981)

Dirigida por Adolfo Aristarain, fue estrenada en plena dictadura (esta ya desgastada políticamente por las luchas populares). La película tiene de protagonistas a obreros mineros, y mediante simbolismos y mensajes velados, bordea contenidos que aluden a las libertades democráticas. Se llevó algunos trofeos: premios en la Habana, en Montreal y un Cóndor de Plata.

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La historia oficial (1985)

Derrotada la dictadura y pactada la vuelta a la democracia, en 1985 el Óscar a mejor película extranjera se la llevó Luis Puenzo con “La historia oficial”. Norma Aleandro está casada con un oscuro hombre de oficinas (Héctor Alterio). El origen de su hija adoptada comienza a ser un lugar nubloso. Una amiga suya que regresa luego de años le relata, entre tragos y luces de lámpara baja, las torturas, los secuestros y los hijos apropiados. La ventana opaca y sucia que le oculta la verdad, su marido y las amigas que la rodean, va aclarándose y volviéndose transparente. La protagonista, Alicia Marnet de Ibáñez, da clases en el Colegio Nacional de Buenos Aires y un alumno suyo Costa, con motivo de la discusión sobre la muerte de Mariano Moreno, le revela: la historia la escriben los asesinos. Aparecen las madres, las movilizaciones y lucha por la verdad, por primera vez en el cine de las grandes salas.

Una versión restaurada de la película fue re-estrenada en 2016 por motivo del aniversario 40º del golpe de estado.

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La Noche de los lápices (1986)

Dirigida por Héctor Olivera, estudiantes secundarixs platenses son lxs protagonistas en las asambleas y marchas de la lucha por el Boleto Estudiantil, donde por primera vez en el gran cine argentino aparece la tortura de la dictadura, sus calabozos y vendas.

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Garage Olimpo (1999)

 En pleno movimiento del llamado Nuevo Cine Argentino, la cámara en mano dando imágenes con “poco foco”, se adentra en un centro de detención: el garaje Olimpo. No solo aparece las torturas como las violaciones (elipsadas, sin mostrar el acto), sino las marcas duras de la picana y las molidas a palo que se daban sobre las personas secuestradas, en un ambiente donde jugar al ping-pong y  poner música mientras se descarga alto voltaje en las axilas parece lo más natural. El adentro y el afuera aparecen contratados por la luz, y el cine ya a esa altura se atreve a ir al detalle de un sector de militancia clandestina, con cierto aval institucional para la romantización (“no quiero saber dónde vivís”, “cianuro”, “citas”, ”nombres de guerra”).

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Los Rubios (2003)

En el 2003 Albertina Carri filma este documental protagonizad por la directora (aunque utiliza a otra actriz para hacer de ella misma), golpea las palmas y recorre con su equipo de filmación las viviendas de los vecinos de la casa de quienes fueros sus padres (secuestrados durante la última dictadura). La voz en primera persona trata de reconstruir su identidad, pregunta sobre su prehistoria.
Premio a la mejor película en el BAFICI del 2003 (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente).

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Kamchatka (2002) e Infancia Clandestina (2012)

De Marcelo Piñeyro, ambas nominadas a los Óscar como mejor película extranjera. Ambas cumplidoras con el sistema de estrellas de gran pantalla (Ricardo Darín, Cecilia Roth, Héctor Alterio, Natalia Oreiro). Ambas con el punto de vista del hijo Harry (en Kamchatka) y Juan (Ernesto es el nuevo nombre que debe adoptar el hijo de Daniel y Charo en la película de Benjamín Ávila). Cosas pequeñas se vuelven significativas para la vida de un chico de diez años que debe mentirle a los amigos sobre su origen, mudarse cada mes, no llamar por teléfono, o “no tener novia”. El maní con  chocolate, el T.E.G (hoy podríamos decir antiguo juego de mesa), los trucos secretos del mago Houdini. Ese micromundo y amores imposibles de la preadolescencia, conviven con reuniones de “amigos de papá y mamá”, las armas, el humo del cigarrillo y autos verdes. Una “La Vida es bella” a la argentina.

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Sinfonía para Ana (2017)

De Ardito y Molina, vuelve a traer a estudiantes secundarios y sus tramas de amor al primer plano. De fondo, en los pasillos del Colegio Nacional Buenos Aires, entre asambleas y citas secretas: la muerte de Perón, el golpe y la persecución.

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La larga noche de Francisco Sanctis (2016)

Dirigida por Andrea Testa y primer premio del BAFICI de dicho año, es quizás, la más contemporánea de todas las películas sobre la dictadura. El protagonista, un don nadie, desvinculado de la política, se entera a través de una antigua conocida de que la dictadura busca a una pareja de jóvenes que no conoce, y que él tiene la opción de avisarles para que huyan de su hogar.

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Las deudas del cine nacional

Esa parcial y acotada elección de los films, trata de rescatar los principales largometrajes nacionales vinculados a la dictadura. Hoy es difícil que el cine nacional no contenga un dejo sobre el terrorismo de Estado que instauró el golpe de 1976.  Desde el “Secreto de tus ojos”, hasta la relativamente reciente La quietud (2018) de Pablo Trapero, la dictadura y el genocidio atraviesan y subyacen en la estructura de notables películas.

Sin embargo, una deuda del cine con la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia, es mostrar el protagonismo de la clase obrera (con hechos como la larga huelga del frigorífico Swift de Berisso) y las madres y abuelas que se jugaron a dar las vueltas a la plaza de Mayo en pleno terrorismo de Estado. Otra deuda grande del cine nacional es mostrar todo el período de lucha antigolpista que se desarrolló desde 1974, el contexto mundial de disputa interimperialista entre Estados Unidos y la revisionista Unión Soviética y su relación con la dictadura, sus protagonistas y sus mártires, varixs de los cuales fueron miembros del Partido Comunista Revolucionario, uno de los pocos partidos que se plantó “contra todo golpe” venga de sectores proyanquis o prorusos. Si bien las películas sobre la dictadura fueron conquistas democráticas y populares en el terreno de la cultura, hallar la verdadera historia en los hechos, nos puede permitir describir fielmente la oscuridad de aquellos años, y también las verdaderas luces que permitieron derrotar tal pesadilla.

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