Un pueblo solidario frente a la emergencia sanitaria

El 3 de marzo nos despertábamos con la noticia de que Argentina tenía ya  su primer caso de coronavirus, enfermedad que hoy es una pandemia a nivel mundial. ¿Cómo afecta este hecho a la política económica de nuestro país? ¿Cuál es el rol que debemos tomar  para enfrentar esta problemática en un país con hambre? Son algunas preguntas que surgen en un contexto de mucha incertidumbre para el pueblo que a pesar del difícil panorama, va encontrando en la organización popular, la solidaridad necesaria para salir de esta situación.

Una pandemia que agrava la situación económica

Primero es necesario tener en cuenta que esta pandemia se da en un contexto de recesión económica mundial, lo que afecta profundamente a nuestra Argentina dependiente y latifundista, que está debilitada por la brutal emergencia social que dejó el macrismo, la deuda impagable y una recesión que se arrastra en la industria. Argentina está sintiendo los golpes económicos del coronavirus y de la disminución del precio del petróleo. La soja cayó 8%, las exportaciones de carne a China cayeron 32,8%, se derrumbaron las acciones de las empresas argentinas en Wall Street (18% las de YPF).

 El coronavirus se expandió a Estados Unidos, Corea del Sur, Italia, España, llegando  a Latinoamérica. En poco más de una semana, Argentina tiene ya 158 casos confirmados. Partimos de una situación difícil.  Nuestro país tuvo en su momento un fuerte sistema sanitario, público y de las obras sociales sindicales. Ese sistema sanitario fue degradado por sucesivos gobiernos. Y aun más, en los últimos cuatro años del gobierno de Macri que redujo el Ministerio de Salud a una Secretaría y recortó el presupuesto sanitario.

Las medidas que tomó el gobierno de Alberto Fernández intentan prevenir el contagio y el aumento de casos, al mismo tiempo que buscan evitar que la economía se hunda más  en la recesión. Sin embargo no parecen suficientes ante esta gravísima situación.

Con el pasar de los días y ante el aumento de casos, el Estado decidió establecer una cuarentena obligatoria con algunas excepciones para garantizar la atención a comedores comunitarios, servicios indespensables, etc.

La salida es colectiva

Si bien el panorama no es muy alentador en relación al aumento de casos, por otro lado la solidaridad de gran parte del pueblo es un esbozo de esperanza. En distintos barrios de nuestro país surgieron iniciativas de solidaridad autoconvocadas, desde organizaciones sociales y juveniles, gremios, etc, quienes tomaron en sus manos la emergencia sanitaria, comprendiendo que la salida es colectiva.

En estos días se realizaron colectas de alimentos, elementos de limpieza, etc, y se armaron brigadas de grupos reducidos que van casa por casa, llevando un registro de las necesidades de los barrios más humildes y repartiendo dichos  elementos de limpieza y mercadería.

Así es como en la localidad de Ingeniero White y Portal del Este, en Bahía Blanca se entregaron 1.000 litros de bim en tres barrios de la ciudad, gracias a la donación de una empresa privada. En la provincia de Corrientes, la CCC (Corriente Clasista y Combativa) sostiene sus  comedores y merenderos y lleva adelante un relevamiento de todas aquellas personas que ni si quiera cobran un plan ni la AUH (Asignación Universal por Hijo); como albañiles, monotributistas, remises, etc., para quienes urgen también medidas concretas de parte del Estado que atiendan su situación. También la organización social  está fabricando barbijos que se entregan en C.A.P.S y hospitales.

En Guaymallén Mendoza, se están realizando actividades de difusión y prevención. También en los barrios de Capital Federal como Chacarita y en el conurbano bonaerense (Quilmes y Berazategui) se llevan a cabo actividades similares, de colecta, donación, y distribución de mercadería y elementos de limpieza, mientras se sostiene el arduo trabajo en los comedores y merenderos.

Otra buena noticia es la decisión de los trabajadores del Astillero Río Santiago, quienes en una asamblea decidieron fabricar alcohol en gel frente al desabastecimiento del mismo.

Estas experiencias nos enseñan que solo con la organización colectiva y un amplio protagonismo popular podemos ganar esta pelea.Es necesario que durante esta emergencia no salga ni un solo peso para pagar la deuda ilegítima y usuraria, y que esos millones sean volcados a resolver el hambre, las emergencias sociales y recomponer el sistema de salud.

También se convirtió en una prioridad, la organización en los barrios y en las zonas rurales para  el descacharreo, el desmalezamiento y la fumigación, en la lucha contra el dengue; otro mal que asecha a nuestro país desde hace un tiempo y que se agravó en el último período.

Hay que prepararse para una batalla dura y prolongada. Todas estas iniciativas barriales demuestran que hoy es una gran necesidad la más amplia unidad y la solidaridad para salir adelante y frenar la pandemia.

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