¡Justicia por Fernando!

El sábado 18 de enero, fue asesinado Fernando Báez Sosa de 19 años a la salida del boliche “Le Bique” en Villa Gesell. Los responsables de este terrible hecho son 10 jóvenes, jugadores de rugby. Hoy se encuentran detenidos. Solo declaró uno de ellos, Pablo Ventura, de quien se comprobó que no participó del ataque y ya fue liberado. El resto se niega a prestar declaración. A partir de este suceso surgieron muchos debates en relación al rugby, la impunidad, la violencia, etc.

Compartimos esta nota de opinión para reflexionar cuáles son las causas de fondo que facilitan este tipo de hechos violentos, para que colectivamente los jóvenes pensemos y llevemos adelante una salida de esta problemática.

Esa noche Fernando recibió ayuda de otras personas que fueron testigos del hecho, pero no fue suficiente. Los mismas que lo ayudaron afirmaron que la cantidad de gente que había en la fiesta en el boliche Le Brique excedía el límite reglamentado y que la ambulancia en plena costa bonaerense demoró alrededor de 40 minutos en llegar al lugar.
Rápidamente el caso se mediatizó. Una vez conocidos los hechos, gran parte de los jóvenes de Argentina nos conmovimos ante lo sucedido. Sentimos bronca y también, tenemos preguntas.
En primer lugar, ¿Que pasa por la cabeza de un joven para llegar a asesinar a otro “por haberle volcado vino en la camisa”? Hay tres problemas fundamentales que debemos tener en cuenta para comprender el porqué de lo sucedido.
El primero es un problema de clase. La constante división entre jóvenes llevada al extremo haciendo creer a unos superiores y a otros inferiores por tener mayor o menor poder económico respectivamente, y por otras diferencias, como la nacionalidad, la sexualidad, etc. División promovida por el sistema capitalista en el que vivimos, y que se ha profundizado con políticas como las del anterior gobierno de Mauricio Macri. El aumento de la pobreza, y el incremento de los casos de gatillo fácil, justificadas en la “doctrina Chocobar”, aportaron a la construcción de una “cultura del odio y del rascismo”, que puso en blanco principalmente a los pobres, y a todo el que fuera “diferente”.
El segundo problema es de género. Por las ideas patriarcales, promovidas también por el sistema capitalista, como por ejemplo, la supremacía del “macho” que necesita reafirmar su masculinidad ejerciendo violencia hacia otro. Estos dos, son problemas estructurales que tienen consecuencias sociales, en este caso la violencia extrema que lleva a matar. Los jóvenes somos quienes principalmente tenemos que cuestionarlos, porque este sistema pone en riesgo nuestra vida, la de nuestros amigxs y seres queridos. El principal impulsor de tales ideas, la división de clase y de género, es el Estado, corazón del sistema en el que vivimos y que impone, necesariamente los tipos de relaciones sociales que se establecen.
También es necesario debatir acerca del alarmante aumento del consumo de alcohol y las drogas. Según el último informe del Sedronar (que data del 2017), el consumo de alcohol en los jóvenes de entre 18 y 24 años aumentó 12 puntos en siete años. Esto constituye un negocio del mismo aparato estatal, que lo presenta como la única forma de divertirse en una fiesta, promoviendo una cultura del reviente, cuando en verdad son herramientas de control social para convertir nuestros espacios en ambientes hostiles, sin mencionar las adicciones y dependencias que nos generan.

Muchos clubes de rugby, lejos de poner en cuestionamiento todas estas ideas y problemas, los reproducen y las fomentan. Tienen parte de responsabilidad en la actuación de esos jóvenes. Este es un tercer problema. Sin embargo, nos equivocamos si pensamos que el problema es el rugby como deporte, ya que el mismo es un deporte de pensamiento colectivo, para el que se necesita un alto grado de compañerismo y que no debe confundirse con odio hacia pares por el grado de violencia utilizada. Ni por quienes jueguen, ni por nadie. Si bien es un deporte que por mucho tiempo se caracterizó por elitista, hoy en la actualidad también se juega en los sectores populares.
Desde la Juventud Comunista Revolucionaria nos solidarizamos con la familia de Fernando, exigimos justicia y condena ejemplar a los responsables y compartimos este artículo para que se pongan sobre la mesa los problemas de fondo que tiene nuestra sociedad y que conducen a hechos de violencia extrema y a la muerte de un joven, quien como nosotrxs, tenía toda una vida por delante.

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