Hambre es violencia: la muerte de la niña wichi y el abandono del Estado

En el día de ayer falleció la niña wichi de 13 años, que había ingresado al hospital Perrando de Resistencia con un embarazo de 28 semanas. El martes le habían practicado una cesárea de urgencia, a la que el prematuro de menos de 1 kilo no pudo sobrevivir. La nena tenía neumonía, anemia y desnutrición. Tampoco pudo resistir.

La historia de la pequeña es la evidencia más cruda del abandono del Estado, el hambre y la triple opresión que sufren las mujeres originarias en nuestro país. En la zona más pobre del país crece el hambre y la violencia. La situación para las comunidades originarias es desesperante y se agrava para las mujeres.

La niña de El Sauzal, un paraje de El Impenetrable donde viven comunidades Wichi. Allí no hay agua potable, no hay médicos en el centro de asistencia y los caminos para llegar a los parajes no permiten el acceso cuando llueve. Las comunidades recorren kilómetros a pie cuando necesitan de asistencia. Tenía una “relación” con un adolescente de 18 años, algo que es muy común en la zona. No estaba escolarizada, era huérfana y su tía, quien la acompaño al médico, tiene 20 años.

Todos sus derechos fueron vulnerados. El derecho a una alimentación sana, el derecho al acceso a la salud, el derecho a la información, el derecho a la educación, el derecho a la Educación Sexual, el derecho al protocolo IlE (Interrupción Legal del embarazo). El protocolo de ILE le correspondía porque claramente su vida estaba en riesgo y porque no hay duda de que atravesaba situaciones de abuso.

Chaco es una de las provincias con mayor tasa de mortalidad materna y el 15 por ciento de los bebés nacidos tienen madres niñas o adolescentes. Esta muerte es expresión de cómo se vive en El Impenetrable, donde se debe tramitar burocrática y diariamente, los cajones para los muertos por distintas enfermedades como TBC, chagas, anemia, neumonía, todas consecuencia de la desnutrición.

La niña de 13 años es víctima de este sistema perverso, de continuidad del genocidio indígena, que ya no mata con balas sino con hambre, y donde a las mujeres nos toca la peor parte, porque la pagamos con nuestro cuerpo.

Los pueblos originarios en su conjunto, varones y mujeres, son víctimas de un Gobierno que busca esconder su abandono a los Pueblos Originarios y venderle espejitos de colores con proyectos turísticos pero sin ninguna fuente de trabajo que van a  profundizar el drama de cientos de comunidades.

La “Marcha Chaco dice Basta”, caminando desde distintos puntos del interior del Chaco hasta la capital provincial,  programada para fines de noviembre, levantará las banderas por justicia para los pueblos originarios y para decir ¡¡Basta de muertes evitables!!

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