Jóvenes campesinas: las olvidadas

Con apenas 20 años, la vida de Jazmín es una historia de sacrificio, despojos, luchas, triunfos y esperanzas. La joven campesina protagonizó una de las peleas por la tierra más importantes de los últimos años como parte del gran movimiento que representó la toma de Abasto en La Plata. En esta nos cuenta como es la realidad de las mujeres y el campesinado pobre.


Empezó a trabajar junto a su familia cuando tenía apenas seis años. Venían de Córdoba donde no podían vivir de la producción porque allí, en las grandes extensiones de campo,  el trabajo era muy pesado. “No había invernaderos, en cada caía de piedra perdíamos toda la cosecha. Pasábamos mucha necesidad y por más que se trabajara de sol a sol la plata no alcanzaba”, nos cuenta. Luego se mudaron a La Plata, donde siguieron trabajando como quinteros.

Pese a la realidad difícil que le tocó vivir en su infancia, Jazmín nunca dejó la escuela. “Cuidaba a mi hermano mientras no estudiaba y cuando él se dormía ayudaba a mis papas en lo que podía: cosechar zapallitos, juntar chauchas, cortar lechuga. Y no porque mis padres era unos explotadores, sino porque no nos quedaba otra: no teníamos para comer, ni para comprar leche, ni pañales para mi hermano”.

Trabajar desde tan pequeña resulta extraño para la juventud de las ciudades, pero en el campo la historia es otra. En palabras de Jazmín,  “desde que sos bebé estás en el campo porque a nuestras mamás no les queda otra que tenernos ahí, ya que no existen lugares para dejar a los bebes o niños (…) empezás trabajando en lo que podés, ayudás hasta donde tu fuerza física te da ¿Es esto normal? Sí, es normal, no debería serlo pero lo es”.
En el campo no existen feriados, ni vacaciones. En el campo la infancia no es la misma que en el centro, o incluso que en los barrios. No hay cumpleaños y muchas veces no hay juegos. “Es normal que niños de 5 a 6 años ya estén cuidando a sus hermanos más chiquitos”, remarca, “y yo creo que un niño es eso, un niño y tiene que jugar ¡Cuántas veces habré llorado por no poder ir a un cumpleaños por el simple hecho de que mi mamá no tenía tiempo de llevarme…!.”

Pelearle a la vida cotidiana

 Le preguntamos a nuestra entrevistada cómo es la vida de una joven en el campo y la respuesta es rápida y terminante: dura, muy dura. “Es difícil poder estudiar…yo me acuerdo que me levantaba temprano, trabajaba hasta las 12, a veces comía, a veces no, y me iba al colegio. Cuando salía de la escuela, volvía a trabajar”. Sobre la pelea por mantenerse en la escuela nos dice que se hace difícil estudiar pero “no es imposible”.

Ser mujer campesina es difícil. “Si no estás trabajando en el campo, estás cocinando o lavando. Un día de descanso como el sábado es para lavar ropa”. El trabajo nunca termina.

Cuando habla de su historia y la de sus pares, Jazmín lo hace con orgullo y entereza. Su realidad es muy distinta a la de los jóvenes de los grandes centros urbanos.  Para los pibes y las pibas del campo muchas veces se les hace difícil disfrutar de su adolescencia.  “Yo siempre digo que no nos tiene que dar vergüenza tener las uñas con tierra o pronunciar mal una palabra, nosotros no tenemos la culpa de ser los olvidados. No somos menos por ser campesinos, al contrario, somos valiosos porque nosotros no robamos como muchos de corbata…trabajamos de sol a sol sin un horario y sin feriados, nos aguantamos el frío del invierno, que nos hace doler hasta las manos”.

Tierra para vivir y trabajar

En esta realidad y sociedad en la que hoy les toca vivir, las dificultades para tener la tierra para vivir y trabajar son inmensas. “Un joven campesino hoy por hoy no puede tener miles y miles de pesos para comprar tierras y ponerlas a producir”, reflexiona Jazmín, pero agrega que es necesario saber que por qué hoy no es posible acceder a la tierra para producir, eso no significa que sea imposible.  “Las experiencias como fue Abasto nos demuestra que con la lucha y la unidad, más una línea justa es posible triunfar”.

Cómo joven campesina Jazmín tiene claro cuál es el camino a seguir: “tenemos como propósito cambiar esta realidad y que cada uno de nosotros con la lucha podamos acceder a un pedazo de tierra para producir…y no debemos olvidar que quien nos obliga a vivir esto es el gobierno que estuvo, el que está ahora y que seguirá estando si no luchamos por dar vuelta la historia”

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